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¿Así que puedo ser el Coach de mis hijos?

Toma un momento para ti, para hacer consciencia, para respirar…

Inhala despacio, sintiendo cómo envías oxígeno a cada una de tus células.

Nota si hay algún dolor, molestia o incomodidad en tu cuerpo en este momento… respira de nuevo… regálate bienestar, paz y pausa…

Esta invitación pretende ayudarte a conectar con tu PRESENCIA, con tu AQUÍ Y AHORA… sin embargo, aunque tu mente quiera “traicionarte un poco”, viajando al pasado o al futuro (dos lugares inexistentes), confía y suelta… si notas que eso sucede, simplemente vuelve a respirar o cierra y abre tus manos suavemente como una instrucción de tu cuerpo a tu cerebro para reconectar en consciencia.

Hoy quiero invitarte a conectar contigo, con lo mejor de ti, con tu poder, con tu sabiduría interna.

Es probable que como a la mayoría de los padres y madres te “atormente” un pensamiento o idea del tipo: “lo estoy haciendo terrible, no tengo idea de cómo manejar esto, este no es el padre o madre que quiero ser para mis hijos…”

No importa cuánto te esfuerces, parece que no contara todo lo que haces bien cada día, es como si solo quedaran en evidencia, aquellas ocasiones en las que las cosas se salen de control, esos días en que “no das pie con bola”, esos días en que quieres “tirar la toalla” y quieres gritar: ¡ayudaaaaa!

Sin embargo, hoy, quiero pedirte que respires tan profundo y consciente como puedas… y que con cada inhalación te permitas conectarte con tu sabiduría interna, con esa voz que te susurra: “hazlo así…detente… espera… confía… di NO; permítelo, reflexiona…”

Llámelo como lo llames, es la parte de ti que está conectada con la sabiduría infinita, con la fuente de amor inagotable… Respira de nuevo y conecta…

Trae a tu mente alguna de las veces que has acertado con la forma en que has manejado una situación difícil con tus hijos, permítete revivirlo… Conecta con esa sensación de tranquilidad, vibra con esa sensación que da saberte haciendo lo que sabes que es correcto.

Pregúntate:

  • ¿Qué necesito?
  • ¿Qué necesitan mis hijos de mí?
  • ¿Qué necesita esta situación específica de mí?
  • ¿Cuál se me ocurre que es la mejor solución a este problema?

Date tiempo para contestar estas preguntas y confía que en ti están las respuestas. Repite las veces que consideres necesario lo siguiente:

“Soy la fuente de amor y ejemplo con la que cuentan mis hijos, si me han sido confiados es porque tengo la sabiduría necesaria para guiarlos con amor y respeto”

 

Con la consciencia de que toda esta SABIDURÍA y AMOR están en ti, recárgate con otra respiración aún más profunda, sonríe (aunque se sienta extraño), abrázate y di en voz alta:

“Soy el papá o la mamá PERFECTAMENTE IMPERFECTO que mis hijos merecen y estoy dispuesto(a) CRECER y a entregar lo mejor de mí, de manera consciente, tranquila y coherente. Estoy listo(a) para amarlos y recibir todo el amor que ellos tienen para mí.

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